Laura Morera y Ricardo Cervera, bailarines de la Royal Opera House
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Johan Persson

La adaptación para ballet del Romeo & Julieta de Shakespeare ha abierto el ciclo de retransmisiones en directo desde la Royal Opera House (ROH) a más de 100 salas de cine de varias ciudades españolas. 

Aprovechamos este estreno para hablar con Laura Morera y Ricardo Cervera, dos bailarines españoles de la ROH que nos hablan de los desafíos del ballet en la actualidad y de las diferencias entre España y Reino Unido en esta disciplina.

1. ¿Creéis que iniciativas como la de la Royal Opera House acercan el ballet al gran público?

R: Sí, es una buena manera de llegar a espectadores que no tienen la posibilidad física o económica de asistir a estos espectáculos en directo, de que ellos mismos se arriesguen a ver algo que no saben si les va a gustar o no y prueben una experiencia nueva. 

Además, gracias a la manera en que se está retransmitiendo en directo, el público se va a sentir parte de la historia porque las cámaras llegan hasta el centro del escenario y se consigue una experiencia muy diferente: quizás se pierda el impacto de ver la representación en vivo, en el propio teatro, pero se ven de una manera mucho más cercana las caras y las expresiones de los bailarines.

2. ¿Cómo se consigue que las obras clásicas conecten con una audiencia contemporánea? 

R: Con los clásicos siempre se puede conectar con el público contemporáneo porque muchas de las películas y obras de teatro modernas están basadas en ellos y es como rebobinar, volver atrás en el tiempo y ver de dónde proceden todas estas historias de las que estamos siendo espectadores. Además, los espectáculos que preparamos en nuestra compañía son una fusión entre ballet y teatro, así que una persona que no sepa nada de nuestro arte puede disfrutarlo tanto como otra que ya esté familiarizada con él.

3. Desde el punto de vista de unos bailarines profesionales, ¿cómo inculcaríais vuestra pasión por el ballet a un espectador joven? 

R: El ballet, como cualquier otro arte, es un idioma que está vivo, va cambiando y tiene un vocabulario muy extenso. Por eso creo que un espectador joven podría sentirse más identificado con las producciones que se están poniendo en marcha en los últimos años, aunque cada etapa aporta cosas diferentes a los bailarines y también al público, así que todas las personas pueden experimentar algo distinto dentro del mundo de la danza.

4. ¿Qué tipo de obras recomendaríais para iniciar en el gusto por el ballet?

L: Yo creo que todas, porque varía en función de cada persona y todo te va a portar una experiencia diferente. Recuerdo a gente que no había visto mucho ballet, ha venido a verme a la Royal Opera House porque eran amigos de mis padres y han visto The Nutcracker, un Mayerling o un Manon y se han quedado con la boca abierta porque realmente no sabían que se podía expresar tanto y fuera tan excitante, violento y visceral.

5. En vuestra disciplina, ¿qué diferencias existen entre España y Reino Unido? 

L: En Inglaterra hay mucha tradición de ballet clásico, hay varios internados para estudiarlo y hay una visión más a largo plazo de la carrera del bailarín. En nuestros propios casos vemos que, a medida que vamos ganando experiencia de vida, desarrollamos unas cualidades como bailarines que no teníamos cuando éramos más jóvenes: es increíble ver a los artistas creciendo, ver cómo empiezan y cómo terminan.

6. ¿Cómo fue el proceso de adaptación a modo de vida y trabajo británicos?

L: Para mí el cambio fue muy gordo porque me fui a los once años y fue muy complicado acostumbrarme a la forma de vida de Inglaterra […] Aunque me considero una bailarina en gran parte británica porque he desarrollado allí mi carrera, creo que el hecho de nacer y tener una formación inicial en España me ha aportado un valor diferencial que es muy positivo: los españoles tenemos mucha fuerza, no nos da vergüenza sacar lo que tenemos dentro y eso me ha ayudado en mi profesión.