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Christos Christopoulos

Skaramagas es una ciudad portuaria situada a 11 km al oeste de Atenas. Desde hace más de un año alberga un campo de refugiados que ofrece cobijo, comida diaria, agua y electricidad a 3.000 personas, el 96% de ellas son familias. Los menores instalados en él, cerca de 1.000 niños y adolescentes de entre 6 y 18 años, son un agente fundamental para entender la realidad que se vive en el campo.

Su educación, estabilidad social e integración en Europa son el fin último del centro de enseñanza que British Council Grecia gestiona con UNICEF desde el pasado mes de noviembre en Skaramagas. Por sus 8 módulos habilitados como aulas han pasado un total de 250 alumnos.

La edad y necesidades de los menores son tan diversas como su bagaje cultural. Con una edad comprendida entre los 3 y los 17 años, la mayoría nacieron en Siria, Irak y Afganistán y no han tenido un acceso estable a la educación. Se calcula que, de media, han perdido 2,5 años de vida escolar, mientras que algunos de los más pequeños no han iniciado ni tan siquiera esta etapa.

El programa del centro pretende paliar las carencias educativas por grupos de edad. Pequeños de 3 a 6 años han podido asistir con sus familiares a sesiones de aprendizaje temprano hasta el mes de julio. La adquisición de habilidades sociales en griego para los que tienen una edad comprendida entre 6 y 11 años y la iniciación en el inglés y el desarrollo de capacidades en esta lengua para adolescentes de 12 a 17 años son los proyectos que se siguen desarrollando a día de hoy en Skaramagas.

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Christos Christopoulos

Y es que el proyecto de Skaramagas va más allá de las asignaturas e intenta responder también a las demandas afectivas de menores en una situación de gran vulnerabilidad. Es el caso de Narghis, un alumno afgano de 14 años, que afirma que “aquí los profesores nos tratan como seres humanos y nos respetan. No me siento como un refugiado”.

El desarrollo de habilidades sociales y emocionales básicas por parte de los chicos y el aprendizaje de valores como la no discriminación, la diversidad cultural y el respeto de los derechos humanos son algunos de los ejes de un programa que tiene garantizada su vigencia al menos hasta septiembre.

En él, disciplinas como el arte, el teatro o la fotografía se convierten en la mejor vía para que los alumnos aprendan a expresar y representar sus ideas y emociones. Phaedra, una de las profesionales del centro, explica que “en clase les ayudo a tomar decisiones, construir la confianza en sí mismos y manifestar su opinión. En el arte nunca hay malas ideas”.

Con Phaedra trabajan más de una veintena  de mediadores culturales, profesores de inglés, psicólogos, responsables de protección de la infancia y coordinadores que hacen posible que el centro abra cada día sus puertas y ofrezca un espacio educativo de calidad, en el que el bienestar y protección de los derechos de los menores son claves. 

Nibal, una madre siria de dos estudiantes, comenta que “nunca había permitido que mis hijas salieran de la caravana solas, pero cuando vi el centro de enseñanza me animé a inscribirlas porque me di cuenta de que era un lugar seguro”. 

El proyecto de Skaramagas se suma al trabajo realizado por el British Council en más de 20.000 escuelas públicas de Líbano, Jordán e Irak, desde que comenzara la crisis de los refugiados. En ellas hemos colaborado con los docentes para que desarrollen las competencias necesarias para fomentar la inclusión y la integración en el aula.

Descubre más detalles sobre el centro educativo de Skaramagas en la web de British Council Grecia.

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