- La evidencia científica demuestra que el bilingüismo no tiene por qué suponer una barrera añadida para niños con perfiles neurodivergentes cuando se da en entornos educativos adecuados y con apoyos personalizados.
- El uso de más de una lengua se asocia a beneficios en funciones cognitivas clave como la atención, la memoria de trabajo o la flexibilidad mental, habilidades especialmente relevantes para el aprendizaje y la vida cotidiana.
- Desde la infancia hasta la edad adulta, el aprendizaje de idiomas puede favorecer la inclusión educativa, la participación social e incluso contribuir a un envejecimiento cognitivo más saludable.
Durante años, muchos padres y docentes han dudado de si aprender más de un idioma es recomendable para niños con trastornos del neurodesarrollo. La pregunta reaparece con frecuencia: ¿puede el bilingüismo suponer una dificultad añadida para quienes ya aprenden de forma diferente?
En este contexto, con motivo de la Semana Internacional de la Neurodiversidad, el British Council, la organización internacional de cultura y educación del Reino Unido, pone el foco en el aprendizaje de idiomas y en cómo el bilingüismo puede formar parte de los itinerarios educativos de personas con perfiles neurodivergentes.
“Hablar de neurodiversidad implica reconocer que no todas las personas procesan la información de la misma manera, y que esa diversidad forma parte del funcionamiento natural del cerebro humano. El término engloba perfiles como el trastorno del espectro autista (TEA), el TDAH, la dislexia u otras diferencias cognitivas que suelen manifestarse desde la infancia y que influyen en cómo los niños aprenden, se comunican y se relacionan con su entorno”, explica Elsa O’Brien, coordinadora de Inclusión Educativa del British Council.
La duda que se repite en aulas y hogares: del mito a la evidencia científica
El aprendizaje de idiomas ha sido históricamente un ámbito rodeado de dudas y creencias erróneas. Una de las más extendidas es que exponer a niños neurodivergentes a más de una lengua puede generar confusión o dificultar su desarrollo lingüístico.
Sin embargo, evidencia científica1 indica que, en entornos educativos adecuados y con apoyos ajustados, el aprendizaje de lenguas adicionales puede desarrollarse en estos niños sin que se observen efectos negativos sistemáticos.
La exposición a más de una lengua no se asocia de forma consistente con mayores dificultades en vocabulario, comprensión o comunicación funcional, en comparación con entornos monolingües, cuando se tienen en cuenta variables individuales y contextuales2.
De hecho, más allá del aprendizaje lingüístico, también existen diversos beneficios asociados al uso de más de una lengua y determinadas funciones ejecutivas como la atención, la memoria de trabajo o la flexibilidad cognitiva. “Cambiar de un idioma a otro implica activar y regular distintos sistemas mentales, habilidades estrechamente vinculadas al aprendizaje y a la adaptación a situaciones cotidianas”, subraya Elsa O’Brien.
Un enfoque inclusivo, de la infancia a la edad adulta
Desde una perspectiva social y educativa, el acceso al aprendizaje de idiomas también se relaciona con mayores oportunidades de participación en contextos educativos y culturales diversos. Excluir de forma sistemática a determinados perfiles de estos procesos puede limitar opciones formativas en personas que ya pueden enfrentarse a barreras adicionales en su entorno.
Por otro lado, cada persona neurodivergente presenta un perfil cognitivo y de aprendizaje específico, por lo que cualquier decisión educativa, incluido el aprendizaje de idiomas, debe tomarse de forma individualizada y con el acompañamiento de profesionales especializados en desarrollo, lenguaje y educación.
La investigación sobre el bilingüismo también se extiende más allá de la infancia y la etapa escolar. Estudios revisados por medios científicos indican que el uso habitual de más de una lengua se asocia con un retraso en la aparición de síntomas clínicos del deterioro cognitivo y de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, durante el envejecimiento3.
“El aprendizaje de idiomas puede acompañar a las personas a lo largo de toda su vida, desde la infancia hasta la edad adulta, siempre desde un enfoque basado en datos, apoyos adecuados y respeto a la diversidad individual”, concluye la coordinadora de Inclusión Educativa del British Council.