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Marta Fernández

Eva Millet inició su carrera en el periodismo en el campo de la cultura y en los servicios informativos de la BBC en Londres, pero algo cambió cuando nació su primer hijo en 2002. En ese momento comenzó a interesarse por asuntos relacionados con la educación, como la "princesización" de las niñas, la importancia de que los hijos ayuden en las tareas del hogar, la prevención del abuso sexual infantil o la hiperpaternidad. Sobre todos ellos pudo profundizar en sus artículos para La Vanguardia.

Ahora, 10 años más tarde, es la autora del libro Hiperpaternidad (Plataforma Editorial) y recoge noticias de la prensa nacional e informaciones internacionales novedosas en el blog www.educa2.info. Este sábado participará en el Wellbeing Weekend del British Council School, en el que hablará sobre ¿Educar hiper o educar bien? Consecuencias de la crianza helicóptero. Hoy comparte con nosotros algunas claves sobre este interesante tema. 

1.    ¿Cuáles los síntomas de la hiperpaternidad? 

-En esencia, consiste en una excesiva supervisión a los hijos; la resolución sistemática de sus problemas (sin dejarles que ellos intenten hacerlo por sí mismos); la sobreprotección y justificación a ultranza y la exhibición de ese "hijo perfecto", que es una proyección de las aspiraciones de los padres, un símbolo de su estatus. 

2.    ¿Y las consecuencias en el comportamiento de nuestros hijos? 

-Al resolverles todo por sistema, los niños hiper tienen incorporado el "mis papás lo harán por mí " en vez de el "yo puedo hacerlo". Con la mejor de las intenciones, los hiperpadres se están cargando el proceso de adquisición de autonomía de sus hijos.

Por otro lado, son niños con un alto sentido de entitlement (legitimación): se creen muy especiales, con muchos derechos y pocas obligaciones. Asimismo, tienen muchos miedos porque sus padres, de nuevo con buena intención, han tratado de evitarles cualquier trauma sobreprotegiéndoles, y no les han ayudado a enfrentarse a sus temores. El miedo es una emoción y existe, pero debemos aprender a lidiar con él porque, de lo contrario, nos puede fastidiar la vida.

3.    ¿Este fenómeno es reflejo de la competencia existente entre padres o de su propia autoexigencia?

-Ambas cosas: la competencia existe (hoy se recitan los currículums de los hijos), pero también estamos en unos tiempos inciertos, con una oferta abrumadora para hacer de nuestros hijos un súper hijo, y muchos padres creen que apuntándoles a toda actividad extraescolar posible y asistiéndoles 24 horas, 7 días a la semana, los harán mejores. La educación no es solo la adquisición de conocimientos: también es la formación de carácter (resiliencia, empatía, paciencia, capacidad de esfuerzo, etc.) y esta parte de la suma se nos está olvidando.

4.    Las cadenas de comida rápida, Halloween y ahora la hiperpaternidad. ¿Su importación desde Estados Unidos está conectada con el también importado estilo de vida?

-Absolutamente: los hyperchildren se empezaron a detectar en las universidades estadounidenses a principios de este siglo, cuando la generación milleniall llegó a la universidad y los responsables de admisiones asistían, atónitos, a un desfile de hijos acompañados por papá y mamá que les ayudaban en todo. 

Se dieron entonces cuenta de que, lo que antes era un rito de transición a la edad adulta, se había convertido en una nueva prueba para convertirse en los padres perfectos (que incluso insistían en estar presentes en las entrevistas de admisión). 

Esta tendencia ha llegado a Occidente, a las clases medias y altas, que es donde tiene su plenitud la hiperpaternidad. Si criar hijos "normales" ya cuesta lo suyo, criar hiper hijos requiere una inversión económica, de tiempo y de energía aún mayor. 

5.    ¿Nos podrías dar algunas pistas para encontrar el equilibrio entre el pasotismo y el hiperpaternalismo?

-Cuando hablo en el libro de underparenting, en ningún momento me refiero a "pasar" de los hijos. Lo que los expertos a los que entrevisto reivindican es una paternidad (en el sentido inclusivo de la palabra) más relajada. 

Cuidar a los hijos, sí (siempre hemos de atenderlos), pero observarlo sin intervenir a la primera de cambio. No solucionarles todo ya, porque quizás ellos sean capaces de hacer los deberes, acabar el puzzle o resolver esa rencilla con su amigo por sí mismos.  No darles todo por sistema, ni justificarlos de inmediato, sí o sí. Quizás se hayan equivocado.

Educar es dejar ir, confiar (en ti y en ellos) y utilizar el sentido común. Ellos pueden y ellos quieren hacer. Nosotros hemos de estar a su lado pero no encima de ellos, cual helicópteros.

6. Padres y madres helicóptero, apisonadora, etc. ¿Estas etiquetas son realmente útiles cuando se trata de mejorar nuestro papel educando? 

-Más que etiquetas, yo las entendería como modos de ilustrar, con un cierto humor, este ansia de ser los padres perfectos. El humor, el saberse reírse de uno mismo de vez en cuando, incluso en algo tan serio como es ejercer de padre o madre, es importante. 

De los papás-helicóptero se habla desde hace tiempo (la primera vez que apareció el término fue en 1969). También de los apisonadora o quitanieves (según localización geográfica) quienes, en vez de preparar a sus hijos para el camino, preparan el camino a los hijos. 

También están las madres-trigre, los padres mánager y los menos conocidos padres-bocadillo, quienes persiguen a su prole en el parque, bocadillo en mano, esperando a que den un mordisquito.

Es una hiperpaternidad más discreta pero no deja, en esencia, de ser lo mismo: con la mejor de las intenciones (que coma el niño), un poco de ansia (no sea que muera de hambre por no merendar) y un esfuerzo loable, le arrebatamos algo tan básico como es que aprenda a comer el bocata por si solo.

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