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Image: Together We Rise, Charlie Round-Turner

Power Out of Restriction (POoR) Collective es un estudio de diseño con conciencia social con sede en Londres que se centra en el desarrollo de las comunidades a través del empoderamiento de las personas jóvenes. Está formado por Larry Botchway, Shawn Adams, Matt Harvey, Ben Spry y Akmaral Khassen. El colectivo nació en 2019 con el objetivo de amplificar las voces jóvenes y generar resultados tangibles en sus entornos locales. Junto a jóvenes, vecinos y comunidades locales, crean murales, pabellones y proyectos de arquitectura. Además, desarrollan programas de mentoría, formación y prácticas que contribuyen a capacitar y fortalecer las habilidades de las personas jóvenes. La participación es otro de los motores fundamentales de su práctica, por lo que organizan eventos y estrategias de consulta, facilitan talleres participativos y elaboran investigaciones e informes. En 2023, POoR Collective recibió la Medalla al diseño emergente en el London Design Festival 2023.

Este mes de mayo, POoR Collective participará en la Mayrit Bienal de Arquitectura y Diseño en Madrid gracias a una ayuda del programa International Festivals and Biennials, concedida por el departamento de Arquitectura, Diseño y moda del British Council. Hablamos con el colectivo antes de su viaje para conocer más sobre su práctica y sus expectativas de cara a la bienal.

Para quienes se acerquen a POoR Collective por primera vez, ¿podríais describir el colectivo y el contexto del que surge?

Power Out of Restriction es un colectivo de diseño que formamos como respuesta a los límites que observamos en la práctica tradicional del diseño. Con demasiada frecuencia, los espacios son configurados por personas que no comprenden ni se relacionan plenamente con las comunidades para las que diseñan, ya sea en términos de clase, cultura o raza. El resultado son entornos que se sienten impuestos, en lugar de reflejar genuinamente a las personas que los utilizan.

Nuestro trabajo parte de nuestra experiencia vivida y en la convicción de que esta perspectiva es esencial para el diseño. Cuestionamos los enfoques verticales y, en su lugar, defendemos procesos liderados por la comunidad, en los que las personas participan activamente en la configuración de sus propios entornos.

Crecimos en espacios sociales como centros juveniles y entornos comunitarios. Estos lugares han sido durante mucho tiempo focos de creatividad, apoyo e identidad, pero a menudo están infravalorados y carecen de financiación. Han influido profundamente en nuestra forma de entender el diseño como algo que debe ser accesible, participativo y arraigado en contextos sociales reales.

En última instancia, trabajamos para redistribuir el poder en el diseño y hacerlo más equitativo. Queremos una industria más representativa y responsable ante las comunidades a las que sirve.

Vuestro trabajo se centra en la capacitación y el empoderamiento de la juventud, pero también aborda cuestiones sociales, políticas o espaciales. ¿Qué preguntas o temas están impulsando vuestros proyectos actuales?

En el centro de nuestro trabajo actual hay una pregunta sencilla pero urgente: ¿quién decide cómo damos forma a los espacios que compartimos?

Nos mueve la convicción de que las personas jóvenes, que a menudo quedan excluidas de los procesos de toma de decisiones, no solo deberían estar presentes en estas conversaciones, sino que deberían además participar activamente en la configuración de los espacios. Nuestros proyectos exploran cómo el diseño puede desplazar el poder y abrir espacios para que las voces jóvenes influyan en las realidades sociales, políticas y espaciales que les rodean.

Nos interesa el diseño como un conector: una herramienta que vincula la experiencia vivida con el entorno construido, y que tiende puentes entre las comunidades y los sistemas que dan forma a su vida cotidiana. Desde ahí nos preguntamos: ¿qué significa verse reflejado en el propio entorno? ¿Qué cambia cuando las personas jóvenes reconocen su identidad, su cultura y sus ideas en los espacios que habitan?

También existe una exploración constante de símbolos, como las banderas, como marcadores de identidad, pertenencia y voz colectiva. ¿Cómo pueden reinterpretarse estas ideas espacialmente? ¿Cómo pueden integrarse en los entornos por los que nos movemos, y no quedarse únicamente en algo que observamos desde la distancia?

Nuestro trabajo trata de empoderamiento: de crear las condiciones necesarias para que las personas jóvenes no solo imaginen futuros alternativos, sino que participen activamente en su construcción.

Cuando trabajáis en espacios públicos o semipúblicos, ¿qué papel desempeñan la experimentación o el riesgo en vuestro proceso?

La experimentación y el riesgo son fundamentales en nuestra manera de trabajar en el espacio público. Fomentamos el juego como una forma de abrir la participación, creando situaciones en las que las personas se sientan cómodas para explorar, conectar y contribuir de maneras inesperadas.

Nuestro proceso asume la posibilidad de que las cosas no funcionen a la primera. Estamos abiertos a los intentos fallidos y los entendemos como una parte valiosa del aprendizaje, no como algo que deba evitarse. Esta mentalidad nos permite mantenernos receptivos y hacer evolucionar las ideas en tiempo real.

A menudo experimentamos a través del codiseño, utilizando pruebas en vivo y procesos iterativos como parte del propio resultado. En lugar de presentar soluciones cerradas, generamos oportunidades para probar, observar y adaptar junto a las personas con las que trabajamos. De este modo, el riesgo se convierte en una herramienta de descubrimiento que nos ayuda a construir respuestas más significativas y arraigadas en los espacios con los que interactuamos.

Pensando en vuestra participación en la Mayrit Bienal, ¿cómo influye el hecho de trabajar a la escala de un festival con una duración limitada en las decisiones que tomáis al diseñar un proyecto?

Trabajar dentro del contexto temporalmente limitado de la Mayrit Bienal nos impulsa a ser intencionales y, al mismo tiempo, receptivos en nuestras decisiones de diseño. Afina nuestro enfoque hacia la creación de algo con una presencia inmediata e impactante, que pueda sostener significado más allá de su corta vida.

En este proyecto, la reutilización ha sido un enfoque clave, no solo desde lo material, sino también desde lo conceptual. Refleja nuestra experiencia continua con intervenciones temporales y nos invita a pensar cuidadosamente en el “después”. ¿Qué ocurre cuando termina el festival? ¿Qué historias, relaciones o materiales continúan?

El formato del festival también ofrece la oportunidad de responder al momento presente. Las cuestiones en torno a la política de las banderas y las preguntas sobre identidad resultan especialmente urgentes ahora, y la naturaleza temporal del evento nos permite abordar estas conversaciones de forma directa y oportuna.

Al mismo tiempo, formar parte de un programa más amplio nos anima a reflexionar sobre cómo se sitúa nuestro trabajo junto al de otros. Nos ha llevado a pensar de manera más crítica sobre los relatos y temas que se están explorando y sobre cómo nuestra aportación puede tanto complementar como cuestionar el discurso general.

Mayrit Bienal 2026 explorará la idea de los (Súper)Modelos, que pueden definirse como mecanismos que no solo reflejan la realidad, sino que también la producen. ¿Cómo sentís que esta idea dialoga con el trabajo que desarrolla POoR Collective?

La idea de los (Súper)Modelos conecta profundamente con nuestra práctica. Para nosotros, el punto de partida suele ser el prototipo, que actúa como un elemento disruptivo frente a los modelos establecidos. Opera desde un espacio de resistencia, permitiéndonos cuestionar y desestabilizar los sistemas que organizan el espacio, la identidad y el poder.

En The Weight of Identity (El peso de la identidad), nos ha interesado especialmente la bandera como (Súper)Modelo. Tradicionalmente, las banderas son mecanismos poderosos que producen y refuerzan ideas de territorio, pertenencia e identidad, y que a menudo acumulan historias complejas tanto de orgullo como de conflicto y exclusión. En este sentido, no solo representan estas ideas, sino que moldean la forma como se entienden y se viven

¿Qué tipo de experiencias o conversaciones esperáis que el trabajo que creéis durante Mayrit Bienal genere con el público de Madrid?

Esperamos que la obra genere un momento de reflexión sobre la comunidad y un sentido compartido de unidad. Al reunir a las personas dentro del espacio, se convierte en una invitación a detenerse y pensar en lo que significa ocupar y dar forma colectivamente a nuestros entornos.

La bandera desempeña un papel clave en este proceso. Cuando las personas se sitúan bajo ella, deja de ser un objeto estático para convertirse en algo vivido y encarnado, transformándose en un símbolo de presencia colectiva. Esto abre conversaciones en torno a la identidad, la pertenencia y el poder de reunirse en el espacio público.

Fundamentalmente, queremos crear una experiencia que se sienta a la vez personal y colectiva, en la que las personas puedan conectar entre sí y reflexionar sobre el papel que desempeñan dentro de sus comunidades.