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Olana Light

Olana Light es una artista multidisciplinar afincada en Portsmouth (Reino Unido), que trabaja la escultura, la performance y la imagen en movimiento. Su obra explora la relación entre los seres humanos y el mundo natural, enfocándose en la transformación, el sentido de pertenencia y la interconexión. Ha expuesto su obra tanto a nivel nacional como internacional y ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio de escultores emergentes de la Contemporary Art Society (2023) y la ayuda Developing Your Creative Practice del Arts Council England (2024). Sus performances llevan el arte al espacio público, acercándolo a nuevos públicos e invitando a la reflexión sobre nuestra conexión con la naturaleza.

Del 10 al 13 de septiembre, participará en el Hay Festival Segovia 2026 con Searching for a Place to Belong (Buscando un lugar al que pertenecer), una exposición fotográfica que reflexiona sobre la relación de las mujeres con la naturaleza, el medio ambiente y el significado de formar parte de éste. A través de una serie de evocadores autorretratos que incorporan materiales y texturas naturales, la artista difumina los límites entre el cuerpo y el paisaje, invitándonos a ralentizar el ritmo y reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo. La muestra irá acompañada por The Birch Tree Family, una cautivadora performance en la que se convertirá en la escultura viva de un abedul que camina por las calles de Segovia, arraigado pero deambulante.

La entrevistamos para descubrir más sobre su prática, su conexión con la naturaleza y sus expectativas para Segovia.

 

Como artista multidisciplinar, ¿cómo describirías lo que haces y el papel que desempeña la elección de los materiales o los medios en tu trabajo? 

Trabajo con la escultura, la performance, la fotografía y el cine, pero todo lo que creo nace de mi interés por nuestra relación con la naturaleza.

Creo esculturas vestibles que difuminan los límites entre el cuerpo humano y el mundo natural. A través de estas transformaciones, invito a las personas a imaginar que no estamos separados de la naturaleza, sino que formamos parte de ella.

Para mí, cada medio tiene su propia función. La escultura me proporciona la forma física, la performance le da vida, y la fotografía y el cine permiten que la obra continúe más allá del evento en vivo. Me encanta cómo las esculturas cambian una vez que salen de la galería y entran en los espacios públicos. De repente, pasan a formar parte de la vida cotidiana, y las personas reaccionan de maneras que jamás podrías prever.

Una de las partes más importantes de mi práctica artística es actuar en espacios públicos. Muchas personas no visitan galerías, así que me gusta acercarles el arte a ellas. Disfruto creando momentos inesperados que hacen que la gente se detenga, sonría y reflexione de otra manera sobre la naturaleza y sobre sí misma.

 

Los conceptos de pertenencia e identidad tienen una fuerte presencia en toda tu obra. ¿Cómo han influido la forma en que creciste y tu decisión de estudiar arte en tus treinta en tu manera de entender estos dos conceptos y en cómo los abordas en tu trabajo actualmente?

Cuando era niña, pasaba la mayor parte de mi tiempo de ocio al aire libre. Me encantaba explorar bosques, campos y ríos, observar mariposas e inventarme aventuras. La naturaleza era el lugar donde me sentía más feliz y cómoda. Algunos de mis recuerdos favoritos son los veranos que pasé en el pueblo de mi abuela, rodeada de naturaleza.

No me di cuenta de lo importantes que eran esos recuerdos hasta los confinamientos por la COVID-19. De repente, solo se nos permitía dar paseos cortos al aire libre, y me encontré pensando en la naturaleza como mi lugar feliz de la infancia. Comprendí cuánto habían influido en mí aquellas experiencias tempranas y lo profundamente conectada que me sentía con el mundo natural. Fue entonces cuando la naturaleza se convirtió de forma natural en el centro de mi trabajo.

Comencé a estudiar Bellas Artes a los 31 años, estando muy embarazada. Era mayor que la mayoría de los estudiantes y trataba de compaginar el ser madre primeriza con la universidad. En distintos momentos de mi vida, a menudo he sentido que no terminaba de encajar. De niña disfrutaba estando sola en la naturaleza, y mudarme a otro país también me hizo reflexionar mucho sobre lo que significa pertenecer.

Con el tiempo me he dado cuenta de que no entiendo la pertenencia como algo ligado a un país o a un lugar. Para mí, el sentido de pertenencia surge de sentirme conectada con la naturaleza. De eso trata realmente mi trabajo. Espero que la gente salga sintiendo que también forma parte de la naturaleza.

 

La naturaleza también ocupa un lugar central en tu práctica artística, invitando a menudo al público a detenerse y reflexionar sobre su conexión con ella. ¿Cómo crees que los artistas pueden contribuir a la conversación más amplia sobre el cambio climático y la responsabilidad medioambiental de maneras que quizás los datos y las estadísticas por sí solos no pueden lograr?

No considero que mi trabajo hable directamente sobre el cambio climático. Más bien, intento ayudar a las personas a reconectar con la naturaleza.

Los hechos y las estadísticas son importantes, pero a veces pueden resultar abrumadores. El arte puede crear una conexión emocional. Puede hacer que alguien se detenga, reduzca el ritmo y preste atención a algo junto a lo que, de otro modo, habría pasado de largo.

Si alguien ve una de mis performances y después mira un árbol de forma diferente o se siente más conectado con el mundo natural, quizá lo cuide un poco más. Creo que los pequeños momentos como este pueden marcar una diferencia.

 

Aunque tu trabajo aborda temas urgentes e importantes, a menudo lo hace a través del humor, la curiosidad y el juego. ¿Por qué son estos elementos una parte importante de la conversación?

Porque las personas están mucho más abiertas cuando sonríen.

Los niños entienden mi trabajo inmediatamente. No lo cuestionan: simplemente lo aceptan y participan con su imaginación. Los adultos suelen necesitar un poco más de estímulo, pero una vez que empiezan a sonreír o a reírse, algo cambia. Vuelven a ser curiosos.

Creo que todos conservamos ese sentido del juego dentro de nosotros, incluso como adultos. Mi trabajo les da a las personas permiso para disfrutar de nuevo de esa sensación. Cuando la gente se siente relajada y curiosa, está mucho más abierta a reflexionar sobre ideas más profundas.

 

La temática del Hay Festival Segovia de este año es la búsqueda de la belleza frente a la inmediatez y lo superficial. ¿Qué crees que podemos aprender de la naturaleza en relación con este tema?

La naturaleza nos recuerda que debemos ir más despacio.

Hoy en día todo parece ir muy rápido. Siempre estamos mirando el móvil, corriendo hacia algún sitio o pensando en lo siguiente. La naturaleza funciona de otra manera. Los árboles crecen lentamente. Las estaciones cambian lentamente. Nada ocurre de forma instantánea.

Cuando pasas tiempo en la naturaleza, empiezas a fijarte en las pequeñas cosas: el canto de los pájaros, la luz que atraviesa los árboles o una mariposa que se posa cerca de ti. Esos momentos nos recuerdan la importancia de estar presentes.

Para mí, la belleza no tiene que ver con la perfección. Tiene que ver con prestar atención. La naturaleza nos enseña eso cada día.

 

Tu trabajo invita al público a replantearse su relación con el mundo natural. ¿Con qué reflexiones o conversaciones esperas que tanto tú como tu audiencia os quedéis después de tus performances?

Espero que las personas recuerden la experiencia durante mucho tiempo.

Olvidamos tantos momentos de la vida, pero espero que encontrarse inesperadamente con un abedul andante en la calle sea algo que la gente no olvide jamás. Si consigo hacer que alguien sonría, se ría, se detenga un instante o incluso abrace al árbol, entonces habré logrado algo.

Una de mis cosas favoritas es observar las reacciones de los niños. Miran con total sinceridad y asombro. No se preguntan si es arte o si es posible; simplemente disfrutan del momento. Creo que los adultos podemos aprender algo de eso.

Si las personas se marchan sintiéndose un poco más felices y un poco más conectadas con la naturaleza, eso ya es suficiente para mí. Y si empiezan a verse a sí mismas como parte de la naturaleza en lugar de separadas de ella, mejor aún.