Charlotte Werth es una investigadora en diseño especializada en futuros materiales, tintado bacteriano y biodiseño. Es licenciada en Diseño integrado por la Köln International School of Design y posee un máster en Material Futures por Central Saint Martins, University of the Arts London, ambos obtenidos con Distinción. Su proyecto final de máster exploró el codiseño de textiles con bacterias productoras de pigmentos, trabajo que recibió el premio Maison/0 Green Trail en 2022. Esto la llevó a realizar una residencia como diseñadora en Maison/0, la plataforma impulsada por Central Saint Martins y LVMH para fomentar el lujo regenerativo, donde desarrolló la colección Automating Violacein utilizando su máquina de tintado bacteriano. Entre 2022 y 2023 participó en el programa Creatives for Our Future de la Fundación Swarovski, llevando a cabo investigaciones sobre la automatización y escalabilidad de los textiles teñidos con bacterias. En noviembre de 2024 se incorporó al Lifefabs Institute de Londres como investigadora independiente y fue nombrada codirectora del instituto en enero de 2026.
El mes pasado, la Asociación y Fundación de Diseñadores de Madrid (DIMAD) presentó Complementarios, una exposición colectiva dedicada al espacio entre la artesanía y la industria. Comisariada por Inés Sistiaga y con diseño expositivo de Studioestudio, la muestra reunió el trabajo de más de una decena de profesionales nacionales e internacionales, centrándose en el concepto de la interdependencia frente a la sobreproducción. Gracias al apoyo del British Council, la muestra contó con la participación de Charlotte Werth. Hablamos con ella tras su paso por Madrid para conocer de cerca en qué consiste su trabajo.
Para quienes descubren tu trabajo por primera vez, ¿cómo lo describirías?
Trabajo con bacterias productoras de pigmentos para teñir textiles. Para el priceso, preparo previamente el tejido para que pueda teñirse siguiendo un patrón específico y después lo inoculo con una cepa bacteriana. Las bacterias crecen siguiendo ese patrón, pero, al tratarse de microorganismos vivos, no puedo controlar completamente el resultado final. El tintado bacteriano no utiliza productos químicos nocivos, requiere mucha menos agua que los tintes sintéticos o naturales y funciona en todo tipo de fibras, tanto naturales como sintéticas.
¿Podrías compartir con nosotros cómo comenzaste a trabajar con el tintado bacteriano y de qué manera ha influido en tu práctica?
Hace nueve años realicé un semestre de intercambio en Designskolen Kolding, dentro del Máster en moda sostenible. Mientras trabajaba en un proyecto, encontré un breve documental sobre tintas producidas mediante pigmentos biológicos. Me fascinó, investigué a algunos diseñadores que ya estaban trabajando con ello y contacté con un profesor que me introdujo en esta práctica de laboratorio. Desde entonces la fascinación no ha hecho más que crecer y continúa siendo una parte fundamental de mi trabajo.
A menudo comentas que las bacterias son colaboradoras con las que trabajas y que codiseñar y coproducir con ellas implica comprender su forma impredecible de crecer. ¿Qué es lo que más te ha sorprendido durante el proceso de automatización del diseño de patrones textiles creados con bacterias productoras de pigmentos?
Cada vez que termino de teñir una pieza textil me sorprende el resultado tan inesperado que las bacterias han generado. Como no tengo un control absoluto sobre el resultado final y el proceso de tintado requiere varios días, la expectación es siempre muy alta. Me entusiasma descubrir la pieza terminada y ver cómo mis colaboradoras han transformado el diseño.
La máquina que has desarrollado para este fin se sitúa en la intersección entre la automatización y la biología. Según tu experiencia y teniendo en cuenta las necesidades actuales de la industria de la moda, ¿consideras que la tecnología y la naturaleza pueden convertirse en aliadas capaces de transformar el sector o son más bien obstáculos la una para la otra?
Para lograr un impacto significativo, la tecnología y la naturaleza deben trabajar juntas. El biodiseño sigue siendo un campo muy reciente que a menudo se sitúa entre disciplinas establecidas, como la microbiología y el diseño textil. Las herramientas necesarias para ese espacio intermedio aún no existen realmente: los procesos textiles están intentando adaptarse a sistemas concebidos para la microbiología, y viceversa. Inventar nuevas máquinas y herramientas que funcionen como traductoras entre la biología y los procesos de creación es esencial para consolidar esta práctica, que a veces se siente como un territorio situado entre dos disciplinas diferentes, tomando prestados conocimientos de ambas.
No es ningún secreto que la producción y el consumo masivos de ropa están teniendo un impacto significativo sobre el medio ambiente. Complementarios, la exposición organizada por DIMAD en la que participaste, exploraba el espacio intermedio entre la artesanía y la industria, poniendo en valor la interdependencia y los modelos sostenibles de producción a pequeña escala frente a la producción masiva. ¿Qué responsabilidad crees que tienen hoy los diseñadores ante el reto ético de diseñar un futuro sostenible?
Creo firmemente que los cambios verdaderamente transformadores hacia sistemas de producción más respetuosos con el medio ambiente deben venir de las grandes industrias y de los agentes políticos, a través de la legislación, las subvenciones y el apoyo a la producción local. Ya contamos con innovaciones materiales y alternativas sostenibles desarrolladas por empresas emergentes y productores de materiales sostenibles; simplemente todavía no resultan tan rentables como los materiales derivados del petróleo.
En el caso de los pequeños diseñadores, la responsabilidad yace en comprender el contexto y el origen de los materiales con los que trabajan. También es importante formarse en prácticas sostenibles y reflexionar sobre qué elementos pueden incorporarse a la propia metodología de trabajo. Nadie tiene que operar bajo criterios cien por cien regenerativos, pero todo el mundo puede adoptar una parte de ellos, ya sea mediante la educación en materiales, el trabajo con la comunidad, la producción local o el apoyo a la innovación en materiales.
Como parte de las actividades de la exposición, ofreciste una charla junto a la diseñadora Raquel Buj e Inés Sistiaga, comisaria de la muestra. ¿Con qué reflexión esperas que el público se hay quedado tras el encuentro?
Me gustaría que el público se haya marchado con la sensación de que las bacterias pueden ser colaboradoras legítimas en el diseño, y no simplemente un material curioso o novedoso. Cuando diseñamos junto a sistemas vivos, en lugar de intentar controlarlos por completo, abrimos la puerta a una forma diferente de creatividad: una que acepta la variación, la lentitud, el error y la incertidumbre como parte del proceso. Mi esperanza es que las personas hayan salido con curiosidad por explorar cómo esta manera de producir, más allá de lo estrictamente humano, podría transformar no solo los textiles, sino también nuestra forma de pensar en la producción, el valor y el cuidado dentro del diseño.