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Naomi Obeng es artista y dramaturga. Criada en las colinas entre el mar Mediterráneo y los Alpes en Francia, sus raíces ancestrales se encuentran en Ghana y en Cumbria, a través de Yorkshire. Es británica y actualmente vive en Londres. Su crianza internacional contribuye a la perspectiva de outsider que aporta a su escritura teatral: una comprensión temprana de cómo la sociedad se construye a partir de las decisiones que sostenemos en nuestra imaginación, y un interés por personajes que no encajan fácilmente. Comenzó a escribir teatro mientras estudiaba Lingüística en la universidad, obteniendo una plaza en el grupo Introduction to Playwriting del Royal Court Theatre mientras era estudiante. El juego con el lenguaje, el humor y una irreverencia hacia el naturalismo se encuentran en el corazón de su trabajo.

Sus obras incluyen We’ll Be Who We Are (finalista del Women’s Prize for Playwriting), a specific kind of loneliness (Nottingham Playhouse: Unlocked), fangirl, or the justification of limerence, que formó parte de Three Acts of Love y contó con música en vivo en el Live Theatre de Newcastle, además de ser publicada por Methuen Bloomsbury. Escribe sobre las estructuras invisibles que gobiernan nuestras vidas y disfruta creando mundos indómitos en escena para procesar las absurdidades del nuestro. También crea música.

Este julio se unirá a un grupo de artistas internacionales para participar en el Obrador d'estiu 2026, un taller internacional de verano para dramaturgos y creadores de teatro que tiene lugar anualmente en la Sala Beckett en Barcelona. Durante su tiempo ahí, formará parte del taller del dramaturgo británico Alistair McDowall titulado Only the Lonely: Isolation in the hyperconnected age (Solo los solitarios: aislamiento en la edad de la hiperconexión). La entrevistamos para hablar sobre su práctica, lo que la motiva, su proceso creativo y sus expectativas de cara al taller. 

Para cualquier lector que se encuentre con tu trabajo por primera vez, ¿cómo describirías lo que haces y la motivación que hay detrás?

Yo diría que hago grandes preguntas y escribo obras raras con el objetivo de ver nuestro mundo familiar con mayor claridad, tal y como es. Para poner a prueba mi propia comprensión de lo que estamos haciendo en este planeta, como seres humanos; para capturar lo que sentimos, cómo nos comportamos, quiénes somos y para preguntarme por qué. Siempre me pregunto: ¿qué está pasando realmente aquí? El teatro y la actuación en vivo me parecieron un lugar emocionante para plantear estas preguntas, creando experiencias en las que nos veamos reflejados y de las que, con suerte, salgamos cambiados o conmovidos.

Mi primera obra de larga duración, We’ll Be Who We Are, por ejemplo, es una especie de obra absurdista sobre tres amigos del colegio que se reúnen antes de una reunión de antiguos alumnos y tienen una crisis existencial tan grande, —sobre la diferencia entre identidad y personalidad, y sobre la verdad del extraño y rígido mundo en el que crecieron— que termina rompiendo la realidad dentro de la obra. Me motiva mucho escribir cosas que me desafían, que requieren que sea valiente. También disfruto escribiendo cosas que nunca podrían ocurrir fuera de un teatro, así que, ¡el naturalismo y el realismo no son mis mejores amigos! No son la única manera de decir algo verdadero sobre la vida. Yo soy más de: “Vale, entonces la voz sale de la maceta”. Porque tiene sentido dentro de la lógica de la obra, y la emoción es verdadera. Por suerte, he encontrado colaboradores que han dicho “¡ok, sí!” a ese tipo de escritura. Lo que más me interesa es capturar sentimientos verdaderos que permanezcan fuera del teatro, especialmente si los hechos que dieron lugar a ese sentimiento resultan extraños de explicar a alguien que no vio la obra. Eso me divierte. Supongo que, en definitiva, me motivan las búsquedas de la verdad. Verdades que se sienten, pero son difíciles de articular. Esa especie de alquimia en el teatro es muy especial.

Tu formación académica es en lingüística, y también has expresado un gran interés por los patrones. Además de escribir, también haces música. ¿Cómo crees que estos elementos han influido en tu manera de construir personajes y narrar historias? ¿Sigues algún tipo de ritual o patrón? 

Esta es una pregunta divertida. No había hecho del todo la conexión entre los patrones en la música, el lenguaje y el comportamiento humano, pero hay algo muy interesante para mí en esas expresiones tan humanas. Me ENCANTA fijarme en cosas; quizá por eso me inclino a crear arte. ¡Tengo un exceso de observaciones y necesito hacer algo con ellas! Una vez empiezas a observar, empiezas a categorizar, y los patrones se identifican rápidamente. Así que creo que tienes razón en que el interés por la lingüística, el interés en la música, el teatro y el diálogo están conectados. A menudo escucho primero las voces de los personajes antes de saber quiénes son. Escucho su ritmo en la conversación y escribo lo que dicen; eso forma el ritmo de una escena, que me muestra el ritmo de la obra, y eso contiene información sobre el ritmo de la historia. Las fuentes de tensión y drama también se revelan en patrones de silencio, evasión, ensayo y error.

Cada personaje, como cada persona, es su propio universo de patrones y hábitos; para mí, eso crea una historia. Los patrones se forman y contenemos la respiración para ver si alguna vez se romperán. Evidentemente, ¡no debería sentirse tan abstracto para el público! ¡Mi objetivo suele ser escribir personajes que se sientan reales e historias que resuenen! Pero es cierto que, por otro lado, me interesa algún tipo de sistema inarticulable del que emerge una obra, una canción, un personaje o un mundo.

¡Escribo de forma muy libre! No soy alguien que tenga rutinas o necesite ceñirse a un plan. Valoro la libertad y la capacidad de respuesta. Me han dicho que soy un poco forense en mi escritura: simplemente me gusta excavar hasta quedar satisfecha de que los personajes han sido llevados hasta un punto en el que siento que merecen ser contados de una manera verdadera, interesante y que merezca el tiempo del público. Eso puede llevar tiempo.

¿Cómo influyó tu crianza internacional en tu trabajo y en las historias que eliges contar? 

Creo que todos tenemos una lente a través de la cual vemos el mundo, basada en cómo crecimos. Heredamos las historias que los adultos a nuestro alrededor nos contaban, con palabras o con su comportamiento, sobre cómo es el mundo y quiénes somos en él. Eso es difícil de sacudir. No es algo consciente, pero de forma natural cuento historias sobre personas que están fuera, que no pueden dar el lenguaje por sentado, que buscan pertenecer en un mundo que explícitamente no fue construido para ellas y que a veces es activamente hostil. Eso proviene claramente de conocer a personas que han vivido por todo el mundo y para quienes la comunidad nunca estuvo garantizada. Estoy segura de que mi identidad racial también influye. Pero me encanta la perspectiva y la comunidad (¡y el bilingüismo!) que me ha dado la experiencia internacional.

Como resultado, me gusta contar historias que normalmente quedarían en los márgenes. Me atrae empatizar con y ver a personas que a menudo no son vistas. Mis amistades de infancia venían todas de “otro lugar”. Todas tenían historias de otras vidas en otros países antes de que coincidiésemos en Francia y, como yo, luego se marcharon. Todo esto probablemente ha contribuido a que sea más difícil clasificarme como dramaturga, especialmente en el Reino Unido, donde escribir desde un “lugar” forma parte de la tradición (y es bastante útil para conseguir financiación). Las obras raras son lo mío, pero también me gustan porque solo se pertenecen a sí mismas. A veces eso significa que pueden ser más valientes a la hora de decir cosas que pueden ser difíciles de oír.

Por otro lado, también he notado lo poco que siento que me pertenecen las historias nacionales o incluso locales británicas o francesas. La idea de apropiarme de una obra sobre el “estado de la nación” o de una “historia regional” me resulta extraña. No siento que tenga derecho a esas perspectivas. ¿Por qué será, si mi historia forma parte de la cultura tanto como cualquier otra? ¡Quizás ese sea un reto que pueda plantearme!

El formato de tus obras es muy diverso, desde textos de larga duración hasta piezas más cortas y experimentales como fangirl. ¿Qué te lleva a elegir un formato u otro y cómo navegas sus distintas escalas?

A veces me encargan escribir en un formato concreto; por ejemplo, fangirl fue un encargo de Jack McNamara en Live como una obra de un solo acto, parte de un tríptico llamado Three Acts of Love junto con obras de las talentosas dramaturgas del noreste, Vici Wreford-Sinnott y Laura Lindow. Compartimos intérpretes en ese espectáculo, incluida la maravillosa música multidisciplinar MeLostMe (Jayne Dent), que compuso la banda sonora y la interpretó en directo. El sentido de experimentación estaba presente desde el principio, así que pensé que podía ser una buena oportunidad para escribir una obra ambientada en internet; ya estábamos en un espacio elevado y un acto parecía una duración adecuada para esa idea de fangirl.

Algunas ideas o impulsos se sienten como obras cortas. Otras, como obras largas. Otras, como canciones o pinturas. Navegar entre esas escalas puede ser un reto. Al final, intento pensar en lo que la obra quiere provocar en la sala, en el teatro, en el espacio en el que se desarrolla. ¿Necesita desplegarse lentamente a lo largo de toda una velada? ¿Debe sentirse abrumadora y terminar antes de que te des cuenta? Ese puede ser un buen compás: qué le está haciendo la obra a un espacio físico y a las personas que están en él.

El tema del Obrador d’estiu de este año, dirigido por el dramaturgo británico Alistair McDowall, es Only the Lonely: Isolation in the hyperconnected age (Solo los solitarios: aislamiento en la edad de la hiperconexión). ¿Qué papel han tenido el juego y el humor en la pieza que estás creando para la lectura escénica?

El tema de Alistair es tan potente, ¡me entusiasmaba mucho escribir a partir de él! Al ser una obra corta, quería que fuera directa, de una manera que la vida cotidiana no suele permitir realmente. Por eso, de manera deliberada, esta no es exactamente una obra “divertida”. Trata sobre la desensibilización ante la violencia a través de nuestros teléfonos y pantallas. Es algo de lo que he estado hablando recientemente con amigos y familia. Le pregunté a personas mayores: “¿Las noticias de antes mostraban imágenes así?” y la respuesta fue “no, no lo hacían”. Me he preguntado si muchos de nuestros problemas actuales son síntomas de una desconexión gradual de nuestra humanidad, impulsada por tecnologías que están sustituyendo necesidades que no hemos reivindicado con suficiente fuerza. Hay humor y juego en la forma como he enmarcado la pieza, y hay un personaje que sería mucho más feliz haciendo bromas sobre todo a cada momento, pero por alguna razón mi instinto fue no darle ese espacio. Ver qué pasa. Ver qué podemos aprender. Hay una convivencia —y quizá un conflicto— entre lo austero y lo humorístico. Es un experimento. Tengo muchas ganas de ver cómo lo recibe el público.

Durante el Obrador d’estiu compartirás tiempo y espacio con artistas de todo el mundo. ¿Qué esperas ganar de tu experiencia con esta pequeña comunidad de artistas y cómo crees que impactará en tu trabajo posterior?   

Tengo muchas ganas de tener las conversaciones y los intercambios con los artistas que conoceré durante el Obrador d’estiu. No puedo esperar a formar parte de esa comunidad. Me siento muy honrada y agradecida por esta oportunidad tan poco común, así que espero escuchar y aprender mucho. Espero contribuir de forma significativa. Ser desafiada. Hacer buenas preguntas. Estoy segura de que me sentiré nutrida, enriquecida e inspirada por tantas perspectivas diversas y mundos teatrales distintos. Sin duda, quiero aprender de otros dramaturgos cómo es escribir teatro en los lugares de los que vienen o donde viven, en su idioma, ya partir de su experiencia sobre lo que es el teatro en 2026. Estoy segura de que alimentará mi trabajo posterior; es una experiencia que solo puede enriquecer mi escritura y fortalecer los caminos de búsqueda de la verdad dentro de mi obra.